Mi Homenaje con tu escrito, Para Rose Gin.

Rosario, personaje de la vida que eligió partir, caminar, alejarse de este mundo.
Decisión propia, no la comparto pero trato de entenderte, han pasado unos años de que tomaste la decisión.

 

Hoy hago público un texto que escribiste para presentar un librillo que saqué tiempo atrás, pero que no fue publicado en aquella ocasión.


Cariños donde estés.

Anastacio Crustáceo, voz personificada

 

olvidada entre los murmullos , de un mundo social

 

al cual siempre se le quiere poner fronteras.

 

Pero no. Los de nuestra especie estamos ligados

 

por un pútrido pegamento,

 

pero del que usan nuestros pares acalambrados

 

bajo el puente Mapocho. Nos rodeamos de distintos tonos, 

 

toses, risas, arcadas, suspiros y hálitos de distintos individuos,

 

que creemos valorar; individuos que finalmente

 

reducimos a nada cuando tornamos la mirada 

 

hacia adentro, hacia lo que somos, navegamos en un blog

 

y sabemos que siempre hemos estado ahí.

 

¡Qué importa si la pilsen de Año Nuevo, Graduación, 

 

Navidad, Viernes Santo no me la bebí con Popeye?. 

 

Anastacio está en los momentos donde no hay razones, 

 

ni tarjetas de invitación, ni tiempo ni espacio.

 

Él esa en su letra zombie, enajenada, que clama salir

 

de la, a su vez, gozosa inanición,

 

plasmando aquellas situaciones abandonadas

 

por el ojo del "farsante feliz" para reírse en su cara

 

y decirle "tú serás mejor un hueón mejor,

 

pero yo soy el hueón despierto". 

 

Él se acuesta con el autoengaño de los idiotas, 

 

masturba su clítoris con el dedo hediondo a colilla

 

y sabor a vómito de ron barato, para escribirles cartas 

 

de amor a los viudos de endorfinas que vagan desencantados,

 

pero encienden la mecha seca de sus ojos

 

cuando leen vívidamente su propio orgasmo

 

en la prosa poética magra del más conocido de los desconocidos.

 

Y solamente desde las entrañas de mi subconsciente

 

que te ha palpado morando la existencia por más de 12 años,

 

ubicándote, desconociéndote, reconociéndote, 

 

buscándote, olvidándote y volviéndote a querer una y otra vez,

 

te hallo aquí finalmente entre tus líneas, 

 

donde eres más inmortal que el descontento eterno

 

que se extiende desde tod@s nosotr@s, habitantes de estas 

 

y otras galaxias, hacia la negrura maricona del infinito.

 

No eres más tú sino cuando nos das este regalo.

 

Salve Catulus en el oleaje infernal!

Co-existiendo a tu lado y no en él, Rosario.