Encuentro.

 

Desde las nauseabundas calles perdidas de esta peculiar ciudad,
caminando por las veredas del desvelo,
evoco tu mirada pérdida, aquellos ojos cristalinos...
esos ojos grises sin vida, sin esperanzas ni condenas.

Pienso en que quizás ya no puedes ver,
que aún está latente en tu memoria la imagen de la ciudad en llamas
y no quieres sacar de tí ese maravilloso paisaje...

Buscas, encuentras, desapareces y te escondes,
recorres, conoces, sueñas y regresas;
juegas a las escondidas con la seriedad entre el desastre;
ríes, me sorprendes y caminamos...

Como cada noche nos juntamos en nuestros sueños,
el canal comunicativo son nuestras promesas de volver a vernos,
son nuestros deseos intactos de respirar...

Al mirar por esta extraña ventana
logro ver entre el acero los sueños de muchos,
siento los rasguños de la furiosa brisa recorrer mi cara
y me dan fuerzas para aguantar un día más...

Van varias noches, varios encuentros,
muchas horas de espera, de intranquilidad;
los susurros continuan dentro de mi cabeza,
es nuestra conversación a la distancia, ya queda poco...

Nuevamente de noche,
de pronto un destello,
las llamas del descontento abrazan estas paredes,
las destruyen, las convierten en cenizas,
camino con la frente en alto buscandote,
vienes corriendo, nos abrazamos,
tus ojos ya no son grises,
y la brisa ya no daña;
estas aquí, estamos aquí...